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icp | 28 Abril, 2008 09:18

Per la seva senzillesa i la seva contundent veritat sobre el que passa i passarà al món. transcrivim l'article de Sami Nair sortit diumenge 27 d'abril al Diario de Mallorca. 

Los motines del hambre de estos últimos meses en Egipto, Haití, Camerún, México, señalan lo que puede ocurrir rápidamente. Países fronterizos de Europa como Marruecos o Moldavia padecen cada vez más un aumento muy preocupante de la pobreza, sobre todo la de los campesinos marginados y los habitantes de las chabolas. Sin contar que estos mismos países se han vuelto países de inmigración, donde tanto los flujos procedentes de África como los del Este se concentran.

La FAO acaba de publicar una lista muy ilustrativa de países víctimas de la crisis alimenticia actual: 21 en África, 9 en Asia, 5 en América Latina, 2 en Europa (Moldavia y Chechenia). Estas dos últimas décadas, el hambre había sido si no vencido por lo menos reducido significativamente. Hoy, con la crisis del sistema económico internacional, la hidra del hambre ha vuelto a amenazar a la parte más débil de la humanidad. En los próximos veinte años, 1.200 millones de personas van a tener hambre, o sea, 600 millones más que hoy en día. Conocemos las razones de esta catástrofe humana y sabemos sus consecuencias sobre el tejido socio-cultural: nuevas pandemias, caída de la escolarización, aumento de las desigualdades, sobre todo entre géneros, desplazamientos de poblaciones anárquicos e incontrolables, motines, represiones, guerras tribales por el reparto de las tierras y del agua, etcétera.

 

 

 

La causa más importante no tiene nada que ver con la pobreza ‘natural’ de estos países, sino con el sistema económico internacional y el (no) reparto de las riquezas dentro de cada país. Las estructuras sociales son las que condicionan más gravemente el circulo vicioso de la pobreza. El cambio climático, el aumento de los precios de los cereales, en particular del trigo, del aceite, sin hablar del azúcar, de la harina, y de todos los productos de primera necesidad, ligados a la competición económica entre países productores y países ricos compradores, ha transformado de repente la situación internacional. El auge del precio del petróleo, que sube hoy más allá de los cien dólares el barril, la caída del valor del dólar, que empobrece a los países que compran con esta moneda, el cierre de los mercados ricos, sobre todo de Europa y Estados Unidos, a los productos procedentes de los países pobres, todo eso hace que la situación haya alcanzado un nivel inquietante. La crisis actual del sistema financiero internacional ha radicalizado esa situación. La especulación salvaje (no hay otra palabra) ha generado una huida masiva de los capitales, que fueron a ‘refugiarse’ en la especulación sobre el precio de las materias primas, provocando a su vez un auge de los precios. Además, las inversiones de los propios productores agrícolas en los agro-carburantes están creando una situación nueva e inimaginable hace solo diez años. Más de 100 millones de toneladas de cereales han sido utilizadas para fabricar etanol y biodiésel, lo que significa que estos países prefieren producir agro-carburantes para venderlos a precio de petróleo en detrimento de culturas con vocación de nutrir la población. Más grave, todavía: el sistema comercial de los productos de la tierra está totalmente entre manos de unas pocas multinacionales, que imponen precios de monopolio.


El aumento actual de la producción de cereales no viene de la oferta sino de un crecimiento de la demanda, pues los progresos de la lucha en contra de la mortalidad infantil generan nuevas necesidades alimenticias. Del mismo modo, con el crecimiento demográfico de la población mundial, hoy en día más de 7.000 millones de habitantes y la perspectiva de 9.000 millones en 2050, se necesita, para evitar el hambre, una verdadera revolución agrícola mundial. Pero esta no puede seguir la misma vía que la de la industrialización de los campos en el siglo XX, pues el planeta no podrá asumirla por razones ecológicas muy bien estudiadas menos química, más ecológica, más precisa, utilizando los suelos de manera mas respetuosa, controlando el tratamiento de los desperdicios, optimizando el agua, todos estos retos condicionan la lucha en contra del hambre en el planeta. Unos hablan de los OGM como solución milagro, pero nada menos evidente: primero porque están concentrados en Estados Unidos, Canadá, Brasil, Argentina, y conciernen sobre todo a la soja, el maíz y los alimentos para los animales; segundo y más gravemente, los OGM se refieren a una agricultura industrial que necesita inversiones importantes, totalmente fuera de alcance de los pequeños campesinos. Además, los Estados no pueden desarrollar estos productos químicos porque saben los daños que pueden producir en términos medicinales y, sobre todo, sociales (paro, huida de las poblaciones de sus tierras).

Se ve que la crisis es profunda. ¿Qué hacer? Por supuesto, no hay soluciones milagrosas. El director del Banco Mundial, Robert Zoellick, llama a la creación de un ‘plan mundial’ para afrontar estos retos. Propone crear un fondo de emergencia de 500 millones de dólares, cuyo objetivo sería otorgar préstamos a corto plazo para abastecer a los países que experimentan penurias, volver a hacer de la agricultura una prioridad en detrimento del desarrollo industrial. Pero esto no basta, y, mas aún, los países concernidos no quieren renunciar a sus estrategias de desarrollo industrial, primero para no ser dependientes de los productos manufacturados de los países ricos y segundo para asegurar la estabilidad social de las poblaciones urbanas (pues el desarrollo industrial no crea sólo trabajo para los obreros sino que favorece también el sector de servicios...). Lo más importante, hoy en día, es actuar a todos los niveles; primero ayudar urgentemente los países en situación grave, con un fondo internacional y sobre todo con una movilización internacional para bajar los precios en los países más pobres. Eso se puede organizar, incluso con un sistema de compensaciones en estos países (por ejemplo, reducción de la deuda a cambio de inversiones agrícolas); segundo, imponer unas reglas en la OMC para controlar la liberación de los precios y al mismo tiempo abrir los mercados de los países ricos a los productos de los países en vía de desarrollo. Tercero, y es lo más importante, ayudar a las inversiones en la ciencia y la genética de los productos de la tierra. Todo eso implica una toma de conciencia mundial. Pero podemos apostar que, sabiendo lo que hay y lo que va ocurrir, poco se va hacer para evitar lo peor. Es que nuestro sistema económico mundial es ciego y no conoce nada sino el provecho inmediato.

 Sami Nair:

Biografía [editar]

Sami Naïr, hijo de un militar, creció en la ciudad francesa de Belfort, en el este del país. Profesor catedrático de ciencias políticas en la universidad de París VIII desde 1970, se doctoró en La Sorbona en filosofía política en 1973 y en letras y ciencias humanas en 1979.

Durante los años 1980 dirigió las publicaciones de Les temps modernes junto a Simone de Beauvoir y de l’Evenément européen con Edgar Pisani.

Profesor invitado en las universidades de Wesleyan University (1970-1984), de Valencia de 1995 a 1998 y la Carlos III, colabora frecuentemente en los medios de comunicación, y también a través de ensayos, libros, de su carrera docente y de su labor asesora de diversas instituciones.

Actividad política [editar]

Sami Naïr ocupó varios cargos de asesoría durante el gobierno socialista de Lionel Jospin. Consejero en el Ministerio del Interior francés entre 1997 y 1998, fue nombrado por el primer ministro Delegado interministerial para el codesarrollo y las migraciones internacionales de 1998 a 1999.

En el año 1999 es elegido diputado al Parlamento Europeo de Estrasburgo cargo que ejerce hasta el 2004, siendo miembro titular de la Comisión de Asuntos Extranjeros de los Derechos de las Personas, de la Seguridad Común y de la Política de Defensa. También presidió la Delegación para las Relaciones con los países del Mashrek y los Estados del Golfo Pérsico.

Vicepresidente desde 2001 del Movimiento de los Ciudadanos, fundado por Jean-Pierre Chevènement.

El affaire Morin [editar]

El 4 de junio de 2002, Sami Naïr colaborador en el periódico Le Monde, firmó un controvertido artículo titulado « Israël-Palestine: le cancer » junto a Edgar Morin y Danièle Sallenave en el que se criticaba la política del gobierno de Israel.

Varios de sus párrafos fueron denunciados por su contenido antisemita según las asociaciones France-Israël y Avocats sans frontières.

En mayo de 2005, el tribunal de instancia Versalles, resolvió la condena del artículo por difamación racial en base al hecho de "...imputar al conjunto de los judíos de Israel el hecho concreto de humillar a los palestinos." Nair fue entonces objeto de numerosas crícticas[1]

Sin embargo, la sentencia fue rebocada por el tribunal de casación el 12 de julio de 2006 por considerar que el de Versalles había violado la ley de prensa del 29 de julio de 1881 y el artículo 10 de la Convención europea de libertad de expresión[2]

Defensor de los derechos de los inmigrantes [editar]

Según el jurado que premió su trayectoria profesional, la procedencia argelina de Sami Naïr le ha sensibilizado especialmente para tender puentes de unión y conexión entre los paises del Norte y los del Sur[3] siendo uno de los principales impulsores del concepto de codesarrollo.

Naïr, a partir de su análisis sobre los conflictos y desigualdades que surgen de los movimientos contemporáneos de inmigración, destaca por sus posicionamiento en favor del desarrollo de políticas de integración y el reconocimiento de los derechos y deberes de los inmigrantes, como, según él, las realizadas por el gobierno de España en el 2005.[4]


Nair defiende que hay que impedir que la integración se plantee en términos culturalistas y de identidad, y entre sus teorías destaca que la sociedad de acogida se equivoca si encierra a la inmigración en un estatuto de minoría, estimando que esta actitud conduce a derivas racistas.

Sostiene en sus pensamientos que el propósito fundamental del inmigrante es hacerse ciudadano de pleno derecho del país de acogida y subraya que considerar al inmigrante solo a través del prisma cultural y deducir de su cultura de origen su capacidad o incapacidad para asimilarse equivale a un comportamiento totalitario por parte de la sociedad de acogida. Siguiendo este razonamiento de considerar al inmigrante como parte activa tanto de las sociedades de acogida como de las de origen, se debe a Naïr el concepto de codesarrollo.

Reconocimientos [editar]

La lucha de Naïr por el reconocimiento de los derechos de los inmigrantes ha sido reconocida con varios premios internacionales, entre ellos el Premio a la Cooperación Internacional General de Granada en 2001 y el Premio Internacional Fundación Cristóbal Gabarrón” en la modalidad de A Una Trayectoria Humana en 2006.

Obra [editar]

  • "Lucien Goldman ou la dialectique de la totalité" (1973).
  • "Machiavel et Marx: du fétichisme du pouvoir à la passion du social" (1984).
  • En el nombre de Dios (1995)-
  • Mediterráneo hoy: entre el diálogo y el rechazo (1995)
  • "L'immigration expliquée à ma fille", Le Seuil (1999).
  • "El peaje de la vida" con Juan Goytisolo, El país-Aguilar (2000).
  • El Imperio frente a la diversidad del mundo (2003)-
  • "Y vendrán... las migraciones en tiempos difíciles", Planeta (2006).

 

Comentaris

la mortalidad imfantil

denises | 16/10/2010, 19:52

es una causa perjudicial sobre todo en estos nesecitan mucha ayuda, los presidentes deverian tomar cartas en el asunto porque cada vez miles de niños mueren a causa de la escases de agua enves de derochar el dinero deverian ayudarlos no dicen que ayudan a los mas necesitados ..gracias

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